En los últimos tiempos han surgido nuevos términos acuñados por psicólogos, dietistas, asesores de imagen, médicos, entrenadores e incluso por periodistas en referencia a enfermedades, belleza, alimentación, y los mas variados aspectos de nuestra vida cotidiana. Dichos términos, a veces involuntariamente, los asociamos a las personas con las que nos cruzamos por la calle o a aquellas con las que convivimos.
Los conceptos de anorexia, obesidad, esquizofrenia, metrosexual, piel naranja, estres o depresión ya forman parte de nuestras vidas (algunos de hace muchos años), y aunque siempre se ha convivido con ellos, se les ha ido poniendo nombres a lo que nuestros abuelos llamaban gordo, loco, fuerte o enfermo.
Entre estos conceptos hemos introducido uno más a la larga lista, el de mobbing. En un principio este concepto estaba acuñado en referencia al puesto de trabajo de una persona, en el cual los compañeros o jefes utilizaban (y utilizan) las artimañas más indeseadas para que una persona no se sienta cómoda en su puesto de trabajo, y por lo tanto, busque una salida desesperada.
El concepto de mobbing también se puede aplicar al ámbito que nos ocupa, el inmobiliario, ya que últimamente los intereses urbanísticos han producido una crecida importante de este término en muchos ámbitos.
Hoy ha llegado a mi mesa un edificio de grandes dimensiones con una pequeña ocupación de casas de renta antigua. En estos casos siempre los intereses urbanísticos priman sobre cualquier interés personal, por lo que las inmobiliarias, constructoras, promotoras y empresas de rehabilitación optan por dos salidas con un contraste muy grande.
La primera opción, y por lo tanto la más honrada, es la negociación de unas cantidades con los propietarios para el abandono del inmueble, ofreciéndoles unos grandes beneficios a cambio de la desocupación del mismo. En la mayor parte de los casos se debería llegar a un acuerdo o asumir la carga del inmueble esperando su liberación por la vía legal.
Existe una segunda opción que es el objeto de este artículo, la referida al llamado "mobbing inmobiliario", según el cual el desalojo del inmueble se realiza de manera poco menos que "alegal", ya que existen las opciones de ubicar en el edifico un grupo "okupa", familias gitanas, maleantes, y cualquier tipo de actividad molesta, insalubre o peligrosa que haga que los habitantes de renta antigua (o incluso rentas actualizadas) busquen una salida desesperada al problema. A estas opciones siempre hay que añadir que la persona, empresa o grupo propietario del edificio podría forzar la situación de precariedad del inmueble (sin mantenerlo adecuadamente), con lo que la precaria situación facilitaría las salida de los inquilinos.
A mi particular entender considero que los intereses monetarios no deberían de primar por encima de los intereses humanos, de las personas. Tarde o temprano nos daremos cuenta de la situación de deshumanización que vivimos, y aquellos que fuerzan estas situaciones ojalá se arrepientan de ello.
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